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Patrocinio: transformando vidas

El patrocinio de niñas y niños es uno de los pilares de Plan International; todo comienza con el dinero donado por una persona de un país desarrollado con el objeto de mejorar la vida de un niño o niña en otro lugar menos privilegiado en el mundo y termina de tomar forma a través de proyectos que cambian paradigmas dentro de la comunidad. Magdalena Bastidas, Gerente regional de Patrocinio, explica el funcionamiento de la esencia de la organización.

¿Cómo el dinero de un patrocinador de Dinamarca le puede cambiar la vida a un niño o niña de una comunidad de Nicaragua o Bolivia? Patrocinar a un niño o una niña, a través de Plan International, conlleva no sólo establecer una amistad sino también empujar el cambio profundo, a través de un proyecto, de paradigmas dentro de una comunidad para que se cumplan los derechos de la niñez y se establezca una consciencia que favorece a la igualdad de género.

Magdalena Bastidas es ecuatoriana y hace 21 años que forma parte de Plan International, desempeñando distintos roles en la región de América Latina y Asia. Hace 8 años regresó a América del Sur y se incorporó al equipo regional y en la actualidad es la Gerente Regional de Patrocinio que asesora, monitorea y apoya a los gerentes de patrocinio localizados en los doce países de America del Sur y El Caribe donde Plan International desarrolla proyectos. “Me aseguro de asesorar a los países de las diferentes políticas que tiene la organización y soy también, algunas veces, intermediaria entre los países y las oficinas nacionales”, explica.

Las Oficinas Nacionales de Plan International, localizadas en países desarrollados de Europa, y América del Norte, son vitales para el funcionamiento del sistema de patrocinio, ya que la mayor parte de los patrocinadores provienen de allí. El staff se encarga de hacer campañas, visibilizar las vulnerabilidades de las regiones para así obtener el apoyo de los donantes a la causa de Plan International. “Son una especie de intermediario del trabajo que se hace a nivel campo”, dice Magdalena, quien trabaja junto con su equipo apoyando los procesos de patrocinio que contribuyen a la rendición de cuentas hacia los patrocinadores; procesos que apoyan el intercambio de comunicaciones individuales y reportes a nivel de comunidad, que se canalizan a través de la Oficinas Nacionales para cumplir con los compromisos adquiridos con nuestros donantes.

¿Pero cómo ese dinero donado se transforma en cambios significativos? “Es importante aclarar que nosotros no entregamos dinero en efectivo ni a los niños ni a las familias, nuestro enfoque es comunitario”, nos explica y agrega: “Trabajamos con los niños, niñas y sus familias creando conciencia sobre la importancia de sus derechos; abordamos los problemas de desigualdad de género y exclusión y lo hacemos de manera coordinada con los gobiernos de los países en los que estamos trabajando”. 

De esta manera, el dinero donado de un patrocinador de una niña en una comunidad de Bolivia se manifiesta a través del cambio en su entorno, en una sociedad que respeta sus derechos y tiene consciencia acerca de la importancia de enviarla a la escuela, de brindar información sobre sus derechos sexuales y reproductivos y otorgarle las mismas oportunidades que a los niños.

Sin embargo, la relación entre el donante y el niño o niña patrocinada va más allá, gracias a un sistema de comunicación que fluye a través de cartas dónde cada uno cuenta su historia de vida a pesar de vivir en países remotos. “Lo que nosotros ofrecemos como respuesta a las donaciones que recibimos, es establecer una relación de amistad entre los patrocinadores y el niño o niña patrocinada. Lo hacen a través de comunicaciones, donde los patrocinadores que están muy comprometidos con la causa les cuentan sobre su vida, la familia y los niños y niñas responden contándoles acerca de su comunidad, sus escuelas, su vida”, cuenta Magdalena.

Con alrededor de 350.000 niños y niñas patrocinados en la región, el trabajo del área a la que apoya Magdalena , tiene una gran responsabilidad al cumplir con los estándares de protección, monitoreo y reporte de los logros alcanzados que, por encima de todas las cosas, contribuyen a tener un mundo que respeta y protege los derechos de las niñas y cuyo objetivo final es el de construir un movimiento global de millones de personas que contribuyan a un avance transformador en los derechos de la niñez y la igualdad para las niñas.