26 de febrero de 2026
Los resultados muestran que la violencia contra las niñas es estructural y persistente, y se reproduce en el hogar, la escuela, la comunidad y en el entorno digital.
La investigación longitudinal de Plan International titulada “Opciones Reales, Vidas Reales” documentó la vida de 142 niñas durante 18 años en nueve países de África, Asia y América Latina y el Caribe, entre ellos Brasil, República Dominicana y El Salvador. El estudio registró sus experiencias desde su nacimiento en 2006 hasta 2024, cuando cumplieron 18 años.
Entre los principales hallazgos del estudio global, se identificó que el 91% de las participantes sufrió violencia antes de cumplir los 11 años. Aunque se han registrado avances importantes en educación y protección legal, la violencia estructural sigue marcando la vida de las niñas.
Este hallazgo va más allá de la cifra: con el tiempo, el miedo a la violencia hace que las niñas asuman como propia la responsabilidad de protegerse, se auto restringen, viéndose confinadas al espacio doméstico y evitando salir solas, lo que limita su libertad y su desarrollo.
«Es ella quien debe protegerse, si ella no lo hace, nadie más lo hará», afirmó Katerin, de 15 años, participante del estudio en República Dominicana.
Otro hallazgo relevante es que la violencia no ocurre en un solo espacio, sino en todos los que rodean la vida de una niña incluyendo aquellos que deberían considerarse seguros: en la escuela, a través del acoso y abuso por parte de compañeros varones; en el hogar, con castigos físicos justificados como protección; y en la comunidad, donde al entrar en la adolescencia las experiencias de violencia sexual se vuelven cada vez más frecuentes. Al acceder a redes sociales, se suma el entorno digital como un nuevo espacio de vulnerabilidad, con acoso y contenido sexual no deseado.
El estudio identifica la adolescencia como un punto de inflexión, cuando las normas de género se endurecen, las libertades se reducen y las desigualdades se profundizan.
También se identificó que el 95% de las niñas realizaba tareas del hogar con un promedio de 5 horas y 15 minutos al día, superando incluso la carga que reportan las mujeres adultas a nivel global. En cambio, sus hermanos varones no asumen responsabilidades equivalentes.
En materia de educación, el informe muestra una mejora generacional: más niñas están completando la secundaria en comparación con sus madres. Sin embargo, el reto sigue siendo mayúsculo en la educación superior, a la que solo accede el 9% de las participantes. Esto contrasta con que el 39% de ellas aspira a carreras en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. La brecha entre lo que sueñan y lo que logran no es falta de ambición: es el resultado de barreras concretas como la carga doméstica, la falta de recursos económicos y normas de género que con el tiempo llevan a las niñas a ajustar sus metas a lo que perciben como posible, no a lo que realmente quieren.
«Lo que 18 años de investigación nos confirman es que el problema nunca ha sido la capacidad ni la ambición de las niñas. Es el entorno que las rodea. Mientras sigamos aceptando que una niña pueda sufrir violencia a lo largo de su vida y dedicar más horas al trabajo doméstico que a su propia educación, la igualdad de género seguirá estando cada vez más lejos» dijo Carmen Elena Alemán, Directora Regional de Plan International para América Latina y el Caribe
Plan International hace un llamado a gobiernos, comunidades y organizaciones de América Latina y el Caribe a actuar antes de que los avances logrados se reviertan. Esto implica proteger a las niñas de la violencia en todos los espacios, apoyar iniciativas que muestren a las niñas modelos de vida más allá del rol de cuidadora, garantizar el acceso real a la educación superior y, sobre todo, escuchar a las niñas: ellas ya saben lo que necesitan.