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"Quiero que mi bebé este seguro"

La discapacidad de Gloria y las vulnerabilidades asociadas a ella, por ejemplo, no son captadas en ninguna estadística relacionada a la deserción escolar, violencia sexual o acceso al sistema de salud. Gloria ha sido invisible a las autoridades y su invisibilidad la ha dejado más vulnerable a que sus derechos no sean respetados.

Gloria* tiene 17 años, es discapacitada y está embarazada. Necesita ayuda para moverse, comer, bañarse, vestirse, para hacer casi todo.

Todavía está en estado de shock por lo que le sucedió. Cada vez que mira a su vientre abultado, recuerda el ataque horrible que la ha marcado para siempre.

Gloria fue violada cuando estaba sola en la casa de un pariente lejano “No sé quién fue. Alguien me agarró por detrás y me cubrió el rostro con un pedazo de tela. Me empujó contra el piso y me violó”, recuerda, todavía alterada mientras lucha por controlar sus emociones y su delicado cuerpo.

Sentada en un banco de madera en una comunidad remota junto a la costa Atlántica de Nicaragua, Gloria pasa sus horas con la mirada perdida en el vacío. La consume la idea de lo que le traerá la vida por delante como madre, al igual lo qué sucederá con su bebé.

Gloria es una joven indígena Miskito, en una comunidad de difícil acceso en la Región Autónoma de la Costa Norte del Caribe (RACCN) de Nicaragua. Marcada por una aguda pobreza y bajos niveles de desarrollo humano, la región es el hogar de gran parte de la población indígena Miskito y grupos de afrodescendientes, que luchan contra su marginación social y económica.

La pobreza y la exclusión generacional se han combinado potencialmente en la región y la comunidad indígena se encuentra a sí misma rodeada de desafíos: una juventud ligada al narcotráfico, violencia, adicción a las drogas, tráfico humano y violencia sexual extendida.

En todas las situaciones, son las niñas quiénes cargan la combinación letal de problemas sociales y económicos y experimentan algunas de las violaciones más extremas de sus derechos de manera diaria, casi sin recursos. La ayuda es insuficiente para la mayoría de la población y para las niñas es incluso más escasa. Ellas y sus problemas permanecen invisibles.

Huérfana Miskito, discapacitada, víctima de una violencia sexual atroz y pronta a ser madre, Gloria no puede estar más lejos de la ayuda y la esperanza.

Gloria quedó huérfana con tan sólo 11 años, dejada a voluntad de sus parientes. Su padrastro Orbing sintió pena por ella y la llevó a su casa donde vivía con su segunda esposa y sus hijos. La esposa de Orbing, Henara, adoptó a Gloria como si fuese hija suya y la cuidó.

Las cosas iban bien para Gloria hasta que su tío materno apareció y se la llevó lejos de su hogar. “Nos dijo que no teníamos derecho de quedarnos con Gloria ya que no era pariente nuestra. Nos resistimos pero no quiso ceder”, dice Henara. Gloria adoraba su nuevo hogar y no quería irse, pero su opinión o elección no valían. Su tío empaco sus pocas pertenencias y se llevó a Gloria a su casa.

 “Fue un infierno” dice. “La esposa de mi tío me trataba muy mal. No me daba de comer y esperaba que hiciera los quehaceres de la casa. Muchas veces pasaba todo el día sin comida y me dejaban tirada sin limpiarme. Esperaba cada minuto a que mi tío regresara al anochecer ya que él me alimentaba y me cuidaba”.

“Temía cuando mi tío se iba a la ciudad a trabajar porque significaba que estaba a la merced de mi tía por días”, cuenta Gloria.

“Un día mi tío se fue con su familia y me dejó con una prima, quién tenía un esposo y tres niños. Ella también se fue y me dejó sola. Fue en ese momento cuando alguien me cubrió los ojos y me violaron”, recuerda Gloria con voz temblorosa.

El tío de Gloria la llevó a su casa. Mientras Gloria estaba perturbada y devastada tras el horrible ataque, las cosas estaban normales para todos alrededor de ella. Hubo poco esfuerzo o voluntad para encontrar al violador y hacer justicia por ella. Gloria fue abandonada a su suerte para reponerse después del shock. Con cada mes que pasaba, su embarazo y su estado mental empeoraron.

Cuando Gloria llegó a su sexto mes de embarazo, sufrió una fuerte pérdida de sangre. Con miedo a que ella muera, su tío la llevó de mala gana al hospital, a horas de su comunidad. Cuando las autoridades el hospital supieron de su situación, la refirieron luego del tratamiento a un refugio de víctimas de abuso y violencia llevado por una organización no gubernamental local.

“Cuando Gloria llegó al refugio, su vida y la vida de su bebé en su vientre estaban en peligro. Estaba en estado de consternación. Tardó semanas en recuperarse”, relata Shira Miguel de Nidia White, una organización no gubernamental local que posee refugios y trabaja con la organización Plan International para apoyar a las víctimas de abuso sexual.

Cuando Orbing y Henara se enteraron del incidente, comenzaron un viaje de un día desde su comunidad para verla. No tenían ni idea de la violación de Gloria y de su embarazo.

“Estaba muy enojada y sorprendida. Todavía lo estoy. Si Gloria se hubiese quedado con nosotras, esto jamás hubiese sucedido. No sé qué hacer o cómo acercarme para obtener justicia. Ni siquiera sé quien cometió este crimen”, cuenta Orbing.

Al ver a su familia adoptiva de nuevo en el refugio, Gloria rompió a llorar. Para ella fue como un milagro, su única oportunidad de sobrevivir y de esperanza por el futuro. Imploró para poder volver con su familia adoptiva y se negó a volver a la casa de su tío. Con intervención de las autoridades locales, Orbing y Henara recibieron la custodia de Gloria.

Gloria dará a luz en cualquier momento. Traumada psicológicamente por lo sucedido en su vida, Gloria se estremece frente a la idea de tener que volver alguna vez a la casa de su tío. “Prefiero morirme a tener que volver a la casa de mi tío. Quiero estar con mis padres adoptivos y criar a mi bebé aquí”, dice.

El reporte Contando lo Invisible de Plan International subraya que los gobiernos no acabarán con los abusos y la inequidad que enfrentan millones de niñas como Gloria sin tener mejores estadísticas de las realidades de sus vidas.

La discapacidad de Gloria y las vulnerabilidades asociadas a ella, por ejemplo, no son captadas en ninguna estadística relacionada a la deserción escolar, violencia sexual o acceso al sistema de salud. Gloria ha sido invisible a las autoridades y su invisibilidad la ha dejado más vulnerable a que sus derechos no sean respetados.

El reporte de Plan International incluye una investigación que arroja un poco de luz sobre los abusos sexuales y otras formas de violencia que las niñas como Gloria sufren de manera constante de parte de su entorno, en Nicaragua.  De las 119 niñas entrevistadas en el país, la mayoría dijo sentirse inseguras en sus casas, en sus relaciones y en las calles. Las niñas dicen no sentirse seguras en el transporte público, caminar solas o estar en la calle de noche.

Mientras que las niñas destacaron que tienen oportunidad de terminar la escuela secundaria, casi un cuarto de ellas dijo que han tenido que abandonar la escuela debido a embarazo o acoso sexual. Las niñas que son pobres o de áreas rurales enfrentan un riesgo adicional de ser abusadas por sus maestros.

Un grupo de madres jóvenes dijo que los problemas en la casa y el cuidado pobre brindado por los padres las han afectado negativamente en su bienestar y decisiones. El abuso físico, sexual, verbal y emocional de parte de algunos miembros de sus familias las ha llevado a sentirse inseguras o solas. En muchos casos, las niñas dicen que buscan la comodidad y el amor fuera de su casa, esperando tener una mejor y feliz vida con un novio.

Incluso en sus relaciones, ellas dicen tener poco control sobre sus decisiones. Mientras que la mayoría dijo que pueden solicitarle a su pareja o novio que usen preservativo, sólo el 22% dijo que la respuesta es positiva, elevando el riesgo a quedar embarazadas o que se les transmitan enfermedades sexuales.

“El caso de Gloria demuestra cómo siendo indígena, de un área remota, pobre, discapacitada y niña significa que has perdido casi cada oportunidad en la vida. Esta es la realidad de muchas niñas que no tienen acceso a ningún tipo de apoyo. Son invisibles”, dice Pilar Muller, gerente de programas de Plan International en la unidad de RACCN.

 La organización está trabajando con socios locales para apoyar a las comunidades indígenas, especialmente a las niñas, que enfrentan los mayores desafíos. En la actualidad, está activa en 27 comunidades, llegando a miles de niñas.

No ha sido fácil afrontar actitudes y prácticas bien arraigadas.  

“En nuestra comunidad, las niñas no tienen autonomía sobre sus cuerpos. La sociedad siente que el cuerpo de la niña es gratis. Más allá de tu discapacidad o cualquier otra situación, nadie puede usar tu cuerpo de la manera en que quieran”, dice Miguel.

“Inicialmente, cuando Plan International empezó a trabajar en las comunidades, había mucha resistencia de parte de los líderes y de los hombres. Sin embargo, a través del compromiso a ha habido una evolución significativa y visible. Ahora es más aceptable para hablar sobre género. Las niñas y las mujeres están ahora empezando a participar y están hablando por ellas mismas”, dice Muller.

Gloria también está ganando, de a poco, confianza para hablar. “Sólo quiero que mi bebé sea sano”, dice. Los doctores han clasificado su embarazo como de alto riesgo y necesitará una cesárea.

“Quiero una mejor vida para mi bebé. No sé cómo las voy a ingeniar para ser madre cuando no puedo cuidar de mí misma”, explica.

Con el consuelo de Henara, Gloria tiene esperanzas que las cosas serán mejores para ella. “Abandoné la escuela luego del tercer grado ya que mis maestros, compañeros y compañeras se burlaban de mi discapacidad. Quiero que mi hijo o hija estudie para educarse”, dice. “Este es mi gran deseo para el futuro”.

 (*El nombre ha sido modificado para proteger su identidad).