SER MIGRANTE EN LOS TIEMPOS DEL COVID-19 | Plan International Pasar al contenido principal

SER MIGRANTE EN LOS TIEMPOS DEL COVID-19

Ahora son miles de migrantes venezolanos que, en medio de la desesperación, deciden emprender un largo camino de regreso a casa, a enfrentar la pandemia en un país que carece de agua y electricidad en 80% de sus hospitales. 

Ahora son miles de migrantes venezolanos que, en medio de la desesperación, deciden emprender un largo camino de regreso a casa, a enfrentar la pandemia en un país que carece de agua y electricidad en 80% de sus hospitales. 

Victoria*, de 14 años, recuerda nostálgica los sabores de Venezuela. Llegar a Ecuador no fue fácil, de hecho, las dificultades se presentaron desde el primer momento en que salió de su país. “Cuando llegamos a Cúcuta (Colombia, frontera con Venezuela), ya no teníamos plata suficiente para pagar nuestros pasajes. Mi mamá tuvo que vender su cabello y con eso conseguimos un bus a Bucaramanga. Llegamos a Bucaramanga, cinco horas después, y de ahí para adelante tuvimos que caminar y caminar, durmiendo donde nos agarrara la noche, así fuera en la calle, y comiendo lo que las personas nos ofrecían”, explica Victoria.

Victoria y su madre caminaron más de 2.000 km, repitiéndose a sí mismas que todo esfuerzo valdría la pena, una vez lograran empezar de nuevo. Sin embargo, cuatro meses después, sus sueños tambalean en medio del encierro indefinido, debido a la pandemia del COVID-19. El 16 de marzo, el gobierno de Ecuador declaró la cuarentena total, siendo el país más afectado en la región. Desde entonces Victoria y su mamá, que no están regularizadas ante las autoridades locales, y cuya economía depende enteramente del comercio informal, dudan profundamente sobre su futuro.

“Por ahora tenemos comida y un poco de ahorros. Recibimos ayuda financiera por parte de Plan International y eso nos permitirá estar tranquilas unas semanas. Nuestra idea siempre ha sido quedarnos, pero no sabemos qué pueda pasar, no sabemos si tendremos que regresarnos a Venezuela…”, explica Alba*, la madre de Victoria.

Desde 2016, más de cinco millones de venezolanos han salido de su país, debido a la grave situación socio-económica, de ellos, cerca del 60% reside en Colombia, Ecuador y Perú. Pese a haber migrado en búsqueda de mejores oportunidades, la mayoría vive en circunstancias precarias y sus ingresos dependen enteramente del comercio informal en las calles. Cerca del 65% se encuentra en una situación migratoria irregular, lo que expone a esa población a mayores riesgos de explotación económica y laboral.

Pese a que los gobiernos han promovido medidas de contención y apoyo a los más vulnerables, la falta de medios de información, el miedo a posibles repercusiones xenófobas y la inseguridad misma por el hecho de ser un extranjero sin sustento legal, estremece a los venezolanos. “Se supone que por ley no deberían cobrarnos el arriendo,  sin embargo no sabemos qué pase”, comenta Alba. Su experiencia dicta que lo que dice el papel, no es lo mismo que se le dice al migrante. 

Conforme avanza la emergencia sanitaria, la fotografía de la migración varía radicalmente. Ahora son miles de migrantes venezolanos que, en medio de la desesperación, deciden emprender un largo camino de regreso a casa, a enfrentar la pandemia en un país que carece de agua y electricidad en 80% de sus hospitales. 

La situación es aún más preocupante en el caso de las niñas, adolescentes y jóvenes mujeres quienes han sufrido sistemáticamente de violencias sexuales y de género durante la crisis migratoria. Delitos como la extorsión sexual, el tráfico de personas y las uniones forzadas se incrementan a la luz del vacío y silencio de las calles, cuando el mundo sólo tiene ojos para el virus. 

Desde 2018, Plan International ha implementado acciones conjuntas, desde una perspectiva regional, para apoyar a la población venezolana y comunidades de acogida en Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. En el contexto de la pandemia, la organización se ha asegurado de coordinar acciones que respondan a las necesidades inmediatas y a largo plazo, de los más vulnerables, a través de soportes económicos, entrega de bienes e insumos, así como de acciones integrales de educación y protección, entre otros. 

A la crisis venezolana, cuyas repercusiones ya desbordaban la capacidad de respuesta de los países aledaños; se suma un virus altamente contagioso que ha obligado a los gobiernos a implementar medidas de protección que dificultan la subsistencia de los migrantes, quienes están más expuestos al contagio, más vulnerables ante la enfermedad y aún más expuestos a sufrir daños colaterales.

 

*Todos los nombres fueron cambiados por razones de seguridad

Por: Camila Mariño