“Mi hija se casó contra mi voluntad. Ahora mi esposo y yo somos voluntarias para asegurarnos que no les pase a otras” | Plan International Pasar al contenido principal

“Mi hija se casó contra mi voluntad. Ahora mi esposo y yo somos voluntarias para asegurarnos que no les pase a otras”

María Agustina y su esposo José no pudieron hacer nada para detener el matrimonio de su hija, pero están resueltos a asegurarse que su hija no quede embarazada antes de lo debido. Esto significaría que ella abandonaría la escuela, pondría su salud y la del bebé en riesgo por su edad.

En Chimborazo, una parte montañosa de Ecuador donde tres partes de la población vive en la pobreza, las familias muchas veces ayudan a sostener normas sociales dañinas que llevan a niñas a casarse y quedar embarazadas a los 12 años.

La alta incidencia de embarazos adolescentes usualmente se culpa en la falta de amor y afecto de los padres. Muchos insisten a sus hijas para que se casen desde el momento en que muestran un poco de interés en el sexo opuesto, preocupados porque los miembros de la comunidad los acusen de haber perdido sentido de la moral si no se casan.

Pero ninguno de estos escenarios fue el factor para que la hija de María Agustina se casara a los 13 años. De hecho, sus padres estuvieron opuestos a la idea.

Pero en la comunidad donde viven casarse durante la adolescencia es algo común. Incluso la desaprobación de sus padres no fue suficiente para detener a su hija de tomar la decisión de irse de su casa, un año atrás, y formar un hogar con su esposo, quien es casi una década mayor. 

“Me pareció muy triste”, recuerda María Agustina. “Lloré, le dije que no lo hiciese pero ella no me quiso escuchar”.

María Agustina y su esposo José no pudieron hacer nada para detener el matrimonio de su hija, pero están resueltos a asegurarse que su hija no quede embarazada antes de lo debido. Esto significaría que ella abandonaría la escuela, pondría su salud y la del bebé en riesgo por su edad.

María Agustina y José están también comprometidos a incentivar a otras niñas y niños en su comunidad -incluyendo su otra hija Gloria de 17 años y sus hijos Rolando (22) y Francisco (7)-  para evitar que se casen y se conviertan en padres mientras sean niños y jovencitos.

Ellos hacen esto a través de la coordinación de uno de los 13 clubes facilitados por Plan International en Chimborazo y la provincia aledaña de Bolíbas donde 325 adolescentes se reúnen quincenalmente para discutir como acabar con el embarazo adolescentes, el abuso sexual y las enfermedades de transmisión sexual en sus comunidades. 

“Abrí el edificio de la comunidad para que los niños puedan ir a los talleres”, dice María Agustina. “Soy responsable de cuidar el lugar y acompañar a los niños y niñas mientras están aquí y los ayudo a organizarse”. 

Juntos con José, ella también realiza talleres de salud sexual, un gran tabú en la mayoría de las comunidades indígenas donde viven.

“La gente aquí no quiere hablar de sexo”, dice ella. “Pero he recibido capacitaciones y me ha ayudado a hablarles a los jóvenes sobre sexo y cómo se pueden proteger a sí mismos. 

“Hay niñas que tienen bebés a los 12, 13, 14 años de edad. No está bien. Las incentivo a esperar hasta que sean más maduras”. 

María Agustina, quien esperó hasta los 24 años para convertirse en madre, está aliviada de ver que el mensaje está llegando a la juventud local.

“Ahora hay menos embarazos adolescentes, no he sabido de ninguno desde que he estado trabajando con Plan International”, dice. “Ninguno de mis hijos tienen bebés, Gloria no se ha casado y mi hija casada usa anticonceptivos”.

“Me siento feliz de apoyar a estos niños y niñas” cierra María Agustina. “Planeo continuar generando consciencia y ayudar a hacer que el embarazo adolescente sea algo del pasado”.