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Ahora puedo ver la fuerza que tengo dentro de mí

Algunos rincones de Brasil parecen haber sido dejados a su suerte por parte de los hacedores de políticas públicas. Así es cómo se siente cuando se camina por las calles de tierra en esta comunidad rural en Maranhão. Aquí, incluso lo esencial está faltando. Alrededor de 1,000 familias viven en la comunidad sin acceso a sanidad básica o de salud. El sistema educativo se limita a una escuela que no puede cubrir las necesidades de todos los estudiantes.

Algunos rincones de Brasil parecen haber sido dejados a su suerte por parte de los hacedores de políticas públicas. Así es cómo se siente cuando se camina por las calles de tierra en esta comunidad rural en Maranhão. Aquí, incluso lo esencial está faltando. Alrededor de 1,000 familias viven en la comunidad sin acceso a sanidad básica o de salud. El sistema educativo se limita a una escuela que no puede cubrir las necesidades de todos los estudiantes. 

 

En el medio de esa pobreza, el hambre es constante al igual que la propagación de enfermedades. Muchos buscan apoyo en la religión, tratando de calmar el dolor del cuerpo y del alma. Mientras allí hay una escuela, por otro lado, hay seis templos evangélicos, una iglesia católica y un centro de umbanda (religión brasileña-afro). Pero la fe sola es incapaz de resolver los problemas sociales que enfrentan los residentes de este pueblo.

 

En este lugar olvidado por tantos, Layza niña patrocinada de 12 años corre por la calle con una consirsa en su cara. Ella no puede comprender del todo la triste realidad en la que ella vive, tampoco puede entender cómo la falta de inversión en su coamunidad ha limitado sus oportunidades para un mejor futuro.

 

Layza es la más joven de cuatro hijos. Ella vive con sus padres y su hermano de 13 años ya que sus hermanas mayores ya se fueron de la casa. Layza va a la escuela que brinda los primeros años de escuela primaria pero si ella quiere continuar sus estudios, dtiene que montarse a un bus, todos los días, para ir a la ciudad. Sin embargo, los estudios tienen un significado muy diferente que el que tiene para la mayoría de la gente. No hay libros, ni bibliotecas ni computadoras. 

 

 A pesar de las luchas que ella enfrenta para hacer algo de su vida, Layza aprecia su hogar y sus padres y está feliz de vivir en un lugar donde todos se ayudan entre sí. “si necesitas algo, mi comunidad junta plata y lo compra. No hace tanto, necesitábamos un tractor para arreglar los agujeros de las calles. Todos contribuyeron y lo logramos. Todos vivimos juntos, como una gran familia”, explica.

 

Tiempo para jugar y aprender 


Layza se enteró por primera vez del trabajo de Plan International en la escuela, cuando una comunidad de educadores invitó a los estudiantes a unirse al proyecto Cambalhotas (Vueltas) 

 

El Proyecto, que ahora está presente en 18 comunidades Rurales en Maranhão, llega a más de 400 niñas y niños de entre 7 y 10 años de edad. La iniciativa usa juegos y talleres educativos para ayudar a niños a identificar las varias formas de violencia y abuso a las que pueden estar expuestos y entender sus derechos y cómo protegerse a si mismos.

 

El Proyecto Cambalhotas incentiva a tener una mejor comunicación entre madres y padres, ayudándolos a entender cada paso del desarrollo de los niños y reconocer cómo la violencia, aunque sea una bofetada, puede causar un daño irreparable en la formación de un individuo. 

 

“Este ha sido un programa muy importante para mí. Jugamos, hablamos sobre bullying y abuso. Nuestro facilitador siempre dice que no debemos hacer cosas que violenten nuestro cuerpo, que debemos protegernos, nunca subirnos al vehículo de un extraño. Ahora, incluso sé como identificar cuando alguien me está mirando de una forma rara, sé cómo protegerme”, dice Layza.

 

Además de auto protección, discusiones sobre derechos humanos e igualdad de género han ayudado a Layza ha sentirse más empoderada y posibilitada de enfrentar al bullying.

 

“Me gusta jugar fútbol con mis amigos, pero los niños siempre se burlan de nosotras, diciendo que el fútbol no es un deporte de niñas. Pero he aprendido que debemos hacer lo que queremos, que no existe tal cosa como un deporte de niñas o niños.  Por eso, mis amigas y yo seguimos jugando y ni siquiera sufrimos por el bullying. Hagámosle entender que podemos hacerlo también”, dice ella. 

 

Cuando Layza le dijo a su familia que ella quería jugar fútbol, fueron comprensivos. A su mamá también le gusta el fútbol, practica el deporte y defiende que la mujer no debe agachar su cabeza. Deben ser fuertes y pelear por sus derechos.

 

 

Líder de una comunidad rural olvidada  


Luego de cumplir 10 años y completer los módulos del Proyecto, Layza tuvo que abandonar el proyecto Cambalhotas. Fue un día triste, pero ella había aprendido lo duficiente para cambiar su vida y compartir la información con sus amigos, su familia y su comunidad.

 

Sin embargo, su conexión con Plan International no terminó. En los meses siguientes Layza fue invitada a participar en la acción #MeninasOcupam, una iniciativa de gobierno que coloca a las niñas en posiciones de liderazgo. Layza  ocupó la oficina del governador, permitiéndole ver cómo funciona la política en su estado y cuán importante es que más mujeres alcance estas posiciones de liderazgo. 

 

“Más mujeres necesitan conquistar posiciones en estos espacios, para representarnos y mostrar a todos que tenemos la fortaleza y el valor para lograr lo que queremos”, explica Layza.

 

Nuestro trabajo con niñas como Layza ha sido posible gracias a nuestros patrocinadores, cuyas contribuciones nos ayudan a invertir en actividades de cultura y educación para la niñez. La familia patrocinadora de Layza es una pareja portuguesa que vive en Australia con sus dos hijos. Además de brindar asistencia financiera, que hacen a nuestros proyectos posible, también le envían cartas y juguetes.

 

“Son personas muy amables, muy amigables. Se preocupan por mí, aunque esten tan lejos. Me preguntan si estoy estudiando, participan en mi vida. Es muy lindo recibir apoyo y cuidado de parte de ellos ya que me motiva a continuar. Algún día me gustaría conocerlos”, explica.

 

¿Qué hay del futuro? Layza es optimista. Quiere ir a la universidad, para poder conseguir un empleo y ayudar a otra gente. 

 

“Plan International ha cambiado mi vida. Antes de eso, no escuchaba nada en la escuela. Ahora, he mejorado mis notas, mis profesores están orgullosos cuando presento un reporte y tengo muchos planes. Me considero una niña fuerte y ahora puedo ver la fuerza que tengo dentro de mí. Tengo que seguir yendo hacia delante para obtener lo que quiero.